Hacía tiempo que no me quedaba unos días sola con mi papa. La última fue el año pasado pero creo que fueron menos días que esta vez. Y la verdad es que lo hemos pasado genial. No me ha dado tiempo de aburrirme casi ningun día. Todas las tardes hemos hecho algo.
Pero antes de nada quiero contar una cosa que me daba un poquito de miedo pero que al mismo tiempo me hacía mucha ilusión y tenía muchas ganas. Veo que gracias a mis papás voy superando mis miedos. Ellos, cuando eran pequeños como yo, también tenían susto de muchas cosas. Una cosa que me daba miedito era dormir fuera de casa y por fin lo conseguí. Fue en casa de mi amiga Imelda, que tiene 8 añitos, como yo.
Ella vino a dormir una noche a casa mientras mi papá estaba en la casa construida de la playa y me dí cuenta de que si ella no tenía miedo de quedarse a dormir en casa, yo tampoco debería tenerlo de irme a la suya y así lo hice. Además, ella tiene una casa que es muy grande, con unos jardines y un par de gatetes y unas codornices, que son unos pajarillos que parecen gorriones pero un poco más grandes y regordetes.
Además había unas primitas de Imelda. Al final fuimos 4 amiguitas haciendo una fiesta de pijamas. Nos acostamos casi a las 3 de la madrugada. Lo único malo es unos mosquitos malos me picaron y estuve unos días un poco molesta. Pero mi papá me dice:
- Yo, si fuera un mosquito, también te picaría, que tienes un culete muy lustroso y muy hermosote.
Ya después de esta superfiestuqui, fue mi mamá quien tuvo que irse a la casa construida y yo al principio pensé que con mi papá iba a dormir fatal pero no se lo quise decir para que no se pusiera triste ya que a él le hacía mucha ilusión quedarse conmigo. Al final me quede muy sorprendida. Con mi papá también se puede ir de shopping a comprar trapitos y además sin prisa ni estrés. Mi mamá es muy buena y la he echado muchísimo de menos pero con mi papá voy con menos prisa. Parece que se estresa menos.
Hubo un par de días que fuimos a médicos, otro de shopping, otro bajamos al patio a jugar con las niñas de los vecinos..............y hubo otro día que nos fuimos al parque del "Pam-Pam". Yo lo llamo así desde que era pequeña. No sé por qué empecé a llamarle así. No hay nada que haga ningun ruido pam-pam ni columpios especiales. Lo que si tiene es una especie de columpio en el que te cuelgas y vas con los brazos avanzando y te cuelgan las piernas hasta que llegas al final del columpio. Me emociono mucho cuando lo consigo pero me salen callos en las manitas. Le mandamos un video a mi mamá y al yayo Mariano.
Y por fin, el domingo pasado, nos fuimos a visitar a la tita Paqui, que hacía mucho tiempo que no la veíamos. Ella tiene un perrete de raza yorkshire o algo parecido, que se llama Chicho y es superjuguetón. Se tumba abriéndose de piernas para que le rasque la barriguilla y me obedece sin tener que darle chuches. Mi papá dice que debería ser veterinaria. Después bajamos a un parque que había cerca de la casa de tita Paqui ( una amiga de hace muchos años de mi papá ) e hice unas amiguitas casi sin querer. Yo es que hago amiguitas muy fácilmente porque aunque soy algo pájara y trapacerilla, soy muy buena. Pero aunque me lo estaba pasando muy bien, ya iba teniendo ganas de irme.
Se empezaba a hacer de noche y ya sabía que mi mamá estaba volviendo. Aunque estaba superbien con mi papá, tenía muchas ganas de verla y cuando llegué a casa me estaba esperando en el patio.
Fui corriendo a su encuentro ye nos dimos un abrazo muy grande. Igual de grande que el que le di a mi papá cuando llegó de un viaje que duró una semana. Nos quedamos abrazados varios minutos, sin despegarnos el uno del otro y sin decirnos nada. No hacía falta. Con la fuerza de nuestro abrazo mutuo quedaba todo dicho. Lo mismo pasó con mi mamá, claro está y es que a veces no hace falta decir nada para expresar lo que sientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario