Holaaaa!!!!!. Estaba deseando tener un rato para contaros un par de cosas super chulis que me han pasado en lo que llevamos de mes. Una es que por fin han venido algunas de mis amiguitas que estaba de vacaciones, como "Veroni" e Imelda. Lo hemos pasado super bien juntas, pero no revueltas.
Un día me fui con Verónica, mi amiga del cole, a ver "El bebé jefazo 2". Nos encantó. Quiero que un día de estos "Veroni" se venga a dormir a casa.
Quien si que se vino a dormir un día a mi casa fue Imelda. No tuve miedo y dormimos a pierna suelta.No sé por qué pero me lo paso muy bien con ella. Fui con ella y con mi papá a la piscina y dejamos a mi papá literalmente destruido. Es demasiado bueno.
También me he hecho muy buena amiga de Darío, un niño de mi edad muy listo y que vive en el vecindario. Tiene un par de gatetes y me deja ir a su casa a veces para jugar con ellos.
Pero lo mejor, de todo, casi siempre pasa con mis papás. Estoy loquita por ellos. Una tarde, fuimos mi papá, mi mamá y yo a hacer un picnic en la UAM, cuando,de repente, me quedé paralizada de la emoción y me puse a llorar sin poderme controlar. Y es que resulta que mi papá se dio cuenta de que una ardillita estaba trepando por un árbol. Me volví loca de alegría cuando me lo dijo, porque yo las ardillitas solo las había visto en fotos y dibujos, nunca de verdad. Y mi papá me dijo que era la 1ª vez que veía una ardilla en la UAM, después de llevar casi 30 años trabajando allí.
Yo creo que el también se emocionó mucho. Voy a averiguar que comen las ardillitas y si voy otro día, le dejo comidita.
Y os cuento una cosita todavía mas increíble. Resulta que hace unos días hacía muchísimo calor en Madrid y me fui con mis papás a una "casa construida" que había en un pueblo muy pequeñito, que se llama Almiruete. Era una casa algo pequeña y hacía calor pero estaba casi en el bosque. Nos contó la señora que nos dio las llaves, que a veces, al caer la noche, venía un zorrito para que le dieran de comer.
Yo no me lo creí mucho porque sé que son unos animales que tienen miedo de las personas y salen corriendo en cuanto nos ven. Además, se les ve poco de día. Pues veréis, sucedió lo nunca jamás pensé que pasaría y volví a quedarme paralizada por la emoción y llorando y llamé alto y fuerte a mis papás para que también lo vieran. Me temblaban las piernas, no podía casi moverme. Y es que resulta que el zorrito estaba a unos pocos pasos de mí. Buscaba comidita y le dejamos unos trocitos de la comida que llevábamos para que la comiera tranquilamente. Parecía que quería darme las buenas noches.
Luego, al día siguiente, no vino y me puse un poco triste. Le pregunté a mi papá por qué no venía y me explicó que igual le habían dado comidita en otra casa. Yo quería volver a "velo". Me acosté un poco triste, pensando que no volvería a verle nunca más. Pero cual no fue mi sorpresa que a la tercera y última noche de estar en esa casa, regresó cuando casi era de noche. Parecía que supiera que me iba al día siguiente y tenía la sensación de que venía a despedirse. Volví a dejarle comidita y mi papá se quedó sin cenar esa noche pero yo, ese atardecer, fui la niña más feliz del mundo viendo comer al zorrito.
Quise ir a "tocalo" pero aunque era muy bueno, se alejó un poco, pero no se fue del todo. Y ahí me quedé, junto a mis papás, viéndolo todos emocionados y embobados, hasta que, pasados unos minutos se fue lentamente. Le dije adios "con mi pensamiento" y me abracé emocionada a mis papás, pero esta vez muy contenta por haberle vuelto a ver.
Mi papá me contó que era la segunda vez que él veía un zorrito, que no son fáciles de ver y que tenía que pensar que era una niña muy afortunada por haberle visto 2 veces casi seguidas.
Luego, al día siguiente, lo pensé. "Que morro tengo" ( suerte ).
Y eso os cuento por hoy. Espero que os emocionéis leyendo esta historia tanto como cuando yo la escribí.